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RESUMEN DE 280 CARÁCTERES

Contaba Buñuel que, en la primera de sus estancias en California, el productor de Dishonored le invita a la “sneak-preview” de la película. El largometraje de 1931 fue dirigido por Josef Von Sternberg, protagonizado por Marlene Dietrich y es una historia que recoge trazas de la vida de Mata Hari (muy recomendable, ya desde la primera frase de Dietrich).

En el viaje de regreso a casa junto al productor, ambos comentaban la calidad de la película. Todo excelente; actuación, dirección… pero cuando llega la hora de ensalzar lo original del argumento, Buñuel comenta que, a los 5 minutos de haber empezado la película, él sabía que Marie Kolverer (Dietrich) acabaría fusilada.

El productor no daba crédito. Buñuel le explica que él y Eduardo Ugarte, amigo, compañero de aventuras en California y que, además, vivía encima del aragonés, tenían un sistema fabricado con una plancha de cartón y letreros que representaban la codificación de los guiones americanos de la época. Es más, Ugarte era especialista en los personajes femeninos. Vamos, que tal ambiente, en tal época, con tal o cual protagonista y los secundarios que fuesen, producían una trama en concreto y un final ineludible.

La incredulidad persiste con lo que el español le invita a ir a su casa para verificarlo. Llegan, sube a despertar a Ugarte, éste baja en bata y, según llega, Buñuel le dice: “Gran Guerra. Ambiente vienés. Se ve a una mujer que claramente es una prostituta. Aborda a un oficial en la calle”. Ugarte se pone en pie, bosteza y dice “Corta. Al final la fusilan”.

Déjenme meter un par de notas aquí sobre la anécdota. Una es que ésta, como he comentado arriba, data de 1931, con lo que, al no existir la Segunda Guerra Mundial, la Primera era, sencillamente (y creo que tiene mucha más potencia) La Gran Guerra. La segunda es que, si leen la autobiografía de Buñuel, en la parte de la descripción del personaje femenino verán que he sido muy prudente.

Soy muy “freak” del tema y habré visto muchas películas cuyo personaje principal es un político y les puedo decir, si el género les interesa de poco a nada, que muchas de ellas se rigen, no por la realidad del sector sino por las reglas de los guiones de Hollywood. Así que, las que más grabadas tengo son aquellas en las que son los imprevistos y los accidentes son los que juegan un papel relevante. En consecuencia considero que El Candidato existe y que Cortina de Humo es una obra maestra por ser la narración del encubrimiento de una metedura de pata. 

Pero la anécdota del director de El Ángel Exterminador no sirve sólo para ilustrar lo fiel a la realidad que es un género cinematográfico, sino para ensalzar algo de lo que muchas de las campañas adolecen y esto es el cuadro de Buñuel y Ugarte.

A los directores de campaña y a sus candidatos (si lo quieren ordenen al revés) no les puede (o no les debería) ser ajeno un cuadro que hable de “términos”, “sectores”, “medidas”, “rivales”, “coordinación”… y recoja el mayor número de variables posibles que condicionen, afecten o definan a su candidatura, sus respectivas relaciones, riesgos potenciales y riesgos activos.

De la misma manera no pueden obviar una cuadrícula representando cada uno de los días (campaña o no) con los eventos comprometidos y, sobre todo, con los anuncios a realizar o los mensajes a evolucionar.

Por ejemplo: que el Partido Popular se preocupe de la exhumación de Franco. Si entran en la cuestión es que no se han dado cuenta de que ya hay elementos muy activos en el tema que voluntariamente quieren meter su ficha (y suele ser una ficha bastante animosa). 

La discreción del PP, sino su silencio y tener una (y “una” implica a toda la amplitud del partido) respuesta sólo en caso de ser preguntado, podría ser un buen diferencial. De hecho, hacia finales de septiembre, Pablo Casado dejó unas líneas muy nítidas en una entrevista a Onda Cero de lo que debería ser la argumentación del partido al respecto. Salirse de ellas, por lo tanto, sería un tropiezo y una nueva alteración (totalmente gratis) de agenda de quien hoy más se juega en la formación de Génova.

¿Es la sentencia del Procés un imponderable? No tiene pinta de serlo porque ya hemos visto a los partidos ubicarse con tiempo, incluso antes de que la propia sentencia se filtrara. Si acaso, algo sobre lo que actuar por parte de los rivales es la posición del PSOE. Un PSOE que quiere conquistar el centro, con un candidato que se posiciona en una escala del 0 (ultraizquierda) al 10 (ultraderecha), en un 4 y que sabe que la más mínima huella de equidistancia en el tema independentista es hoy un problema en cualquier parte de España. 

A lo mejor la posición cambia tras las elecciones o tras la formación de gobierno, en especial si el PSOE no lo logra, pero en estas últimas horas la agenda de Pedro Sánchez mira más a este objetivo que a la sentencia porque, insisto, hoy no se entenderían medias tintas y menos cuando se lleva más de un año representando al Estado.

Si es cierto que las campañas electorales las marcan los imprevistos, no lo esperable, y la capacidad de reacción ante aquellos, entonces la gestión de riesgos no puede ser (ni en campaña electoral, ni en el ciclo político, ni siquiera para las empresas) meramente reactiva. Pero es que, en muchos casos, son algo de lo que preocuparse sólo cuando el candidato ha metido la pata, cuando un miembro del partido saca los pies del tiesto o ante una partida de productos defectuosos o un vertido de crudo en el mar.

Aunque es práctica común, llegado el momento, contratar a un experto en resolución de crisis, la gestión de riesgos ha de ir embebida en la estrategia, como una de las variables que comentaba arriba. Recomendable, incluso, que disponga de su propio cuadro y que relacione, como dos tablas en una base de datos, con cada una de las tareas a acometer. ¿Qué surgen? Ya hay un plan sobre el que desarrollar. ¿Qué no? Posiblemente esa conciencia de riesgo haya tenido bastante que ver con cómo se ha desarrollado la cuestión principal.

Enrique Cocero

Consultor político y socio Fundador de 7-50 Strategy

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