¿Como utilizarán Whatsapp los partidos políticos en campaña electoral?

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Uso de Whatsapp para los partidos políticos en campañas electorales

Josep Mª Arpal analiza en el programa ‘Popap‘ de Catalunya Radio como utilizarán WhatsApp los partidos políticos para la campaña electoral de las elecciones generales de 28 de abril de 2019.

Singladuras

“Ignoreland” es una canción de R.E.M. de 1992 del álbum Automatic For The People que no fue comercializada como single, pero vivió un gran éxito por sí misma. La letra arranca hablando de que unos “bastardos robaron el poder […] destrozando todo aquello que era virtuoso y verdad” y cierra afirmando que “sé que todo esto es vitriólico, pero me siento mejor después de haber gritado. ¿Tú no?”.

Duras palabras que se remontan a 1980, cuando Reagan ganó a Carter las elecciones. En el año de la salida del disco Reagan ya había consumado sus dos mandatos y Bush-41 estaba en campaña de reelección frente a Bill Clinton y Ross Perot. Stipe, Buck, Berry y Mills no lo sabían, pero la “virtud y la verdad” no tardarían en volver. 

Términos como “virtud” y “verdad” son lo que, cuando en Podemos no se peleaban, Errejón, Monedero e Iglesias nos traían a la mesa día sí y día también como “significantes vacíos”. Término acuñado por Laclau mediante el cual, y dicho de forma rápida y algo cínica, uno toma una palabra (significante) que, ante la imposibilidad de abarcarla como absoluto, se va llenando de significados según los propios intereses.

Pues bien, de reclamar esos significantes y llenarlos de contenido es de lo que va el discurso político y, en consecuencia, las campañas electorales. Tomemos por ejemplo los “viernes sociales”: el día del Consejo de Ministros se anunciarán medidas de corte social. Medidas sociales buenas para los españoles, virtuosas, y que si no salen es porque el contrario no quieren que salgan.

Como dije la semana pasada la existencia de estos viernes y poner en alto el término “social”, capitalizándolo, monopolizándolo, lleva ya implícita una victoria de campaña y es que se plantean medidas, al menos, razonablemente formuladas para un rápido entendimiento e incorporación al imaginario electoral.

Así que avanza la campaña electoral y la cuestión de los “viernes sociales” sigue en la singladura como una escolta a la nave del PSOE. El símil marino no es gratuito ya que hoy esa escolta se ha convertido en el principal objetivo de, la oposición. No es el contenido, no son las medidas, es el continente lo que se pone en cuestión y lo que se recurre ante distintos órganos.

El problema es que yendo a por el continente la oposición deja de lado o amortigua aquello que en campaña es esencial, la propuesta propia, que sale de foco a causa de una pugna formal.

Pero, de nuevo, el tiempo es el asesino. Quedan ya menos de seis semanas de campaña y hoy apenas nos acordamos de que el elefante en la sala son los pactos que permitan llegar a gobernar. La solución andaluza, unida al veto de Rivera a Sánchez, deja más o menos clara una de las opciones de pacto que, al tiempo, cae en las encuestas.

En esas encuestas el PSOE crece a costa de Podemos, pero no sería suficiente y, como en la moción de censura, va a necesitar el apoyo de lo que podemos llamar “el conjunto complementario”, es decir; si no se puede pactar con los constitucionalistas, la única opción que queda es mirar hacia nacionalistas e independentistas y, para ello, las respectivas campañas han de incrementar los significantes vacíos. 

Tal vez por eso, Sánchez, el hombre que ganó dos veces en primarias, construye listas de diseño personal calculando escaños a lograr por provincia y cubrirlos con afines alineados, mirando todos en la misma dirección y que hagan desaparecer cualquier fisura.

El resultado de abril se arrastrará a las municipales. Por fechas no habrá Gobierno ni falta que hará, porque el eco de las generales y los primeros tanteos de pactos (que serán encendidos hasta que pasen las municipales) será lo necesario para animar o desincentivar al voto en mayo.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

Ganar por omisión

No soy futbolero, en absoluto. El fútbol es un deporte en el que, después de 90 minutos, uno se puede ir a casa con un 0-0. No obstante este resultado, que cuesta encajarlo en la categoría de “competición”, en una liga suma un punto que puede ayudar a ganar un campeonato si las cosas van muy apretadas.

Pues, bien, esta semana hemos arrancado con la noticia de que el Gobierno quiere seguir gobernando hasta elecciones mediante el Decreto Ley (DL) y las publicaciones en el BOE. 

Estoy de acuerdo con aquellos que creen que no es la vía de hacer las cosas argumentando que el DL debe ser utilizado como una medida excepcional. De hecho y según la Constitución, debe aplicarse en caso de “extraordinaria y urgente necesidad”.

Es una medida observada como excepcional principalmente porque un gobierno es el poder ejecutivo y un parlamento es el legislativo o “el hacedor de leyes”. Nuestro sistema se pensó para que el Parlamento fuera quién confirmara al candidato a presidente del gobierno y eso implica el primer paso de una legislatura en el que el ejecutivo debe apoyarse en el legislativo.

Que no haya una mayoría parlamentaria o que sea complicado llegar a acuerdos no entra dentro de los supuestos de acción para lanzar un Decreto Ley. De hecho, llegar a acuerdos y que haya esas mayorías es lo que se les exige a los parlamentarios, muchos de ellos en el partido que sustenta al gobierno de turno.

Pero hoy, en materias que pueden ser capital electoral para Pedro Sánchez dentro de la “orientación social” de su campaña, el haber anunciado que saldrán por DL, llevan implícito un triunfo, incluso aunque no lleguen a ningún sitio: las medidas se han nombrado, están encima de la mesa.

Son medidas de amplio espectro ya que sus beneficiarios abarcan a grandes segmentos de la población: cambios en el mercado del alquiler, bajas por paternidad o fomento de la igualdad son temas que hoy están en el activo del PSOE, bueno, en el de Pedro Sánchez.

Ahora al resto de partidos les quedan dos tareas por delante: lograr que no sean aprobadas por DL y, al tiempo, mejorar la oferta. Pero estamos a poco más de seis semanas de las elecciones y el PSOE es el partido que hoy se muestra mejor armado de cara a los votantes y, con estas medidas planteadas, además, toma la iniciativa.

Es cierto que el gobierno de Sánchez no ha sido capaz de llegar a acuerdos en 9 meses y ahora requiere impactos, así que buscarle las vueltas a la oposición produce un efecto favorable y es que mostrar que enfrente se tiene a un obstruccionista ya hace ganar puntos.

¿Se acuerdan de “los presupuestos más sociales”? Ni el PP ni Ciudadanos quisieron apoyarlos y no iban a salir con el apoyo de los independentistas. Ante este obstruccionismo, elecciones y “dar la voz a la gente”. Hoy son los Decretos Ley con tres medidas que “cambiarían la vida de la gente” y enfrente… ya captan la idea.

Mientras, la oposición, busca evitar la tramitación de los DL. Esta acción, traducida a mensaje electoral, produce pereza en el votante porque el DL y su proceso son complejos de entender. Así que, sin perder una votación, Sánchez se sale de nuevo con la suya: impone un tema, es efectivo a nivel reivindicación social y tiene enfrente un adversario que “pone trabas a sus avances sociales”.

Hablamos por tanto de triunfar por omisión o quedar 0-0, pero llevarse un punto valioso para cuando “acabe la liga”. Si lo vemos desde el resto de formaciones políticas, y siguiendo con un símil deportivo, preguntado por el resultado de un partido en que los Yankees perdieron, Yogi Berra comentó “¿Paliza? no ha habido ninguna paliza, lo que pasa es que no hemos conseguido batear”.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

Las elecciones de abril

Las elecciones de abril van a ser las elecciones más personalistas que hayamos conocido. No serán tan personalistas como las siguientes Generales, que lo serán más, pero sí mucho más que las de 2016. Con ello Pedro Sánchez habrá cubierto uno de sus primeros propósitos y es que esto vaya sobre él como candidato, no sobre el PSOE como respuesta.

A nadie se le escapa que, desde que decidió volver a presentar frente en las primarias contra toda una estructura institucional, su persona y su motivación absorbía todo el interés. Lo hizo a sabiendas de que es atención era su capital de mayor valor, casi su único capital.

Lo mismo con la conformación de su gabinete hasta el punto de que las ruedas de prensa de Celáa, y más las de Calvo, sólo incrementaban la expectativa sobre su siguiente aparición. Ministros con un alto componente operativo, en absoluto estratégico, que hablaban a sabiendas de que habría una última palabra, fuera cuando fuera que ésta llegara.

La campaña electoral será la continuación de esta línea. Ya lo vimos el viernes en la comparecencia de las 10 de la mañana, lo hemos visto el fin de semana en Andalucía y el lunes en TVE. No habrá más protagonista que él, porque éste es su proyecto. Ábalos, Iceta, Lastra (Robles lo dudo mucho) y otros cercanísimos saldrán a hablar en eventos satélite o a atajar cuestiones que resulten incómodas o no suficientemente “presidenciales”.

Sánchez va a tirar de todo recurso posible (ya hemos visto el veloz despliegue de la campaña con el corazón) bajo la sencilla premisa de permanecer en Moncloa y buscará en los territoriales el respaldo y la implicación necesarios como para ir cuadrando números y votos, tengan estos en mayo elecciones o no.

Sus primeros votos a ganar son los de los votantes que puedan dudar desde Ciudadanos o Podemos. Podemos está en horas bajas y al PSOE le interesa aprovechar la desilusión con el partido morado para, sobre todo, relegarlos allí donde D’Hondt no permita abrir mucho el abanico: 26 provincias con 5 o menos escaños en los que el PSOE debe luchar por conseguir 2 de ellos si Podemos tiene al alcance 1.

Con respecto a Ciudadanos ya hemos visto como, en la Sesión de Control del miércoles, Sánchez ha ido buscando enmarcar al partido naranja en la ultraderecha y como desertor del liberalismo. Recordemos que, a principios de enero, ya declaró que quería representar al liberalismo que Ciudadanos había dejado “huérfano” (Rivera entiendo que había visto venir esta bola).

Así que el resto de candidatos tendrán que decidir si esta campaña la quieren desarrollar en la misma línea personalista de Sánchez o arroparse en la estructura de sus partidos como la opción a votar a una candidatura grupal donde todos aportan. El problema está en que el planteamiento de Sánchez arrastra mucho interés en el público y la existencia de una pugna personalista siempre tiene tirón, así que no mostrar una alternativa clara y abierta ante ello, sea cual sea la elegida, tiene muchas papeletas para que se pierda interés.

Quién no se tendrá que preocupar mucho de esto es Pablo Iglesias. Durante los últimos años se ha encargado de ir eliminando estructura cercana a su predominancia y ahora mismo es líder indiscutible en Podemos. Esto no implica que se le vea como candidato a la Presidencia del Gobierno, sino como facilitador y ni siquiera, porque primero está la matemática electoral que él mismo podría estar torpedeando en su pugna por la izquierda… o, mejor expresado, en la izquierda.

Ahora, personalismo o no, nadie renuncia al control sobre las listas electorales. Uno puede ser el candidato, pero que no le toquen el acompañamiento. Muchos intentos de reforma electoral han observado desde el distrito único al cambio de D’Hondt por Sainte-Leaguë y otros ajustes que pudieran favorecer a los impulsores, pero nadie habla de implantar un sistema como el británico o el americano, donde el diputado se deba primero a su distrito y luego a su partido.

Tener al alcance la estructura para poder ejecutar la campaña como uno desea sin poner en riesgo el ejercicio posterior de defender el programa en el Parlamento con unos números invariables (siempre que no haya tránsfugas), es sin duda poder contar con lo mejor de dos mundos.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

Conjunto complementario

Si han leído Moneyball, reconocerán una frase que dice que el baseball es una “guerra de desgaste” y que lo que hay que desgastar es el brazo del pitcher. Algo similar veo en la campaña electoral (permítanme que, si a nivel técnico no lo es aún, usemos el término para una comunicación más fluida) que nos ocupa de aquí a finales de abril.

En los pocos días que llevamos con ella he visto a un PSOE centrado en Pedro Sánchez, equipado y preparado para desplegar, con agenda, metodología y reparto de temas por días. Los temas están siendo, tal y como dejó claro el Presidente del Gobierno el día que anunció la disolución de las Cortes, la reivindicación de lo logrado en una legislatura de 8 meses: entre otros, moción de censura, Salario Mínimo Interprofesional, el plan de empleo digno, medidas para la transición ecológica, nueva ley hipotecaria…

A esto hemos de añadir todo aquello que se quiere aprobar a través de la Diputación Permanente de aquí a las elecciones para mostrar acción de gobierno. Se podría abrir esta vía si hay que activar la contingencia por el Brexit y, de ahí, buscar cómo sacar adelante las ayudas a parados de larga duración o las cuestiones de igualdad laboral.

La lectura para justificar esta acción será alguna variación de lo ya escuchado hasta hoy. Con los presupuestos leemos que los “presupuestos más sociales” cayeron por la falta de acuerdo con fuerzas que miraban más por ellos mismo que por el conjunto de los españoles. Si hablamos de todas aquellas tramitaciones que no llegaron al Pleno del Congreso, ha sido porque la mesa estaba dominada por la derecha.

Si no sale lo previsto de aquí a las elecciones a través de la Diputación Permanente, tres cuartos de lo mismo. Complicado argumentar en esta línea porque, de los 65 miembros de la diputación, de Ciudadanos y del PP hay 31, así que habría que encontrar un número mayor de opositores.

Pero Sánchez, con agenda y método, ha ido poniendo todas estas iniciativas en el espectro público y, con ellas, a los responsables de su bloqueo. Las iniciativas están ahí y ahí seguirán porque no observa renunciar a ellas ya que son la base de su impulso social.

Más allá de marcar la agenda, hay que ubicar al rival. Es decir; que los temas sean aquellos de los que yo hablo, que tengan relevancia cuando yo los saco a la luz y, adjunto a éste, el motivo por el cuál hoy los españoles no pueden disfrutar de estas soluciones.

Pero ¿hay algo que ubique hoy más al rival que los pactos tras las elecciones? Mejor expresado ¿Hay algo que ubique más al rival que hablar de con quién pretende contar cualquier candidato para llegar a Moncloa? ¿Quién va a apoyar a quién para ser Presidente del Gobierno?

Aquí el PSOE no parte de una buena posición de cara a su electorado. Cierto es que en abril tenemos elecciones por el hecho de no haber llegado a un acuerdo a la hora de negociar los presupuestos con el independentismo catalán, pero mirando el tema en perspectiva podríamos pensar, incluso, que los presupuestos se presentaron para que pudiera establecerse una confrontación con el catalanismo, dejando así atrás el pacto de la moción de censura.

Sea por lo que fuere, el caso es que no se han aprobado los presupuestos y ahora se vende falta de acuerdo como el resultado de no haber querido negociar términos que pudieran vulnerar la integridad del estado español.

Pero si el PSOE no parte de una posición favorable de cara a su electorado es por algo que daremos en llamar el “conjunto complementario”. Pedro Sánchez habla del peligro que supone un pacto de las “tres derechas” (PP, C’s y VOX), pero, de forma implícita, esto hace que sus únicas posibilidades de gobernar radiquen en llegar, esta vez sí, a un acuerdo con Podemos y, entre otros con el independentismo catalán. Éste es el conjunto complementario.

Luego está el hecho de que Rivera haya puesto un veto al PSOE: no a pactar con Sánchez. Considerar una posibilidad de pacto PSOE-C’s es un puente muy lejano que, además, necesita de varias revisiones entre las que se incluye el gobierno de Andalucía, pero, como he dicho al principio del artículo, esto va hoy de generales y de candidatos.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

Lo mejor de dos mundos

Las elecciones de abril van a ser las elecciones más personalistas que hayamos conocido. No serán tan personalistas como las siguientes Generales, que lo serán más, pero sí mucho más que las de 2016. Con ello Pedro Sánchez habrá cubierto uno de sus primeros propósitos y es que esto vaya sobre él como candidato, no sobre el PSOE como respuesta.

A nadie se le escapa que, desde que decidió volver a presentar frente en las primarias contra toda una estructura institucional, su persona y su motivación absorbía todo el interés. Lo hizo a sabiendas de que es atención era su capital de mayor valor, casi su único capital.

Lo mismo con la conformación de su gabinete hasta el punto de que las ruedas de prensa de Celáa, y más las de Calvo, sólo incrementaban la expectativa sobre su siguiente aparición. Ministros con un alto componente operativo, en absoluto estratégico, que hablaban a sabiendas de que habría una última palabra, fuera cuando fuera que ésta llegara.

La campaña electoral será la continuación de esta línea. Ya lo vimos el viernes en la comparecencia de las 10 de la mañana, lo hemos visto el fin de semana en Andalucía y el lunes en TVE. No habrá más protagonista que él, porque éste es su proyecto. Ábalos, Iceta, Lastra (Robles lo dudo mucho) y otros cercanísimos saldrán a hablar en eventos satélite o a atajar cuestiones que resulten incómodas o no suficientemente “presidenciales”.

Sánchez va a tirar de todo recurso posible (ya hemos visto el veloz despliegue de la campaña con el corazón) bajo la sencilla premisa de permanecer en Moncloa y buscará en los territoriales el respaldo y la implicación necesarios como para ir cuadrando números y votos, tengan estos en mayo elecciones o no.

Sus primeros votos a ganar son los de los votantes que puedan dudar desde Ciudadanos o Podemos. Podemos está en horas bajas y al PSOE le interesa aprovechar la desilusión con el partido morado para, sobre todo, relegarlos allí donde D’Hondt no permita abrir mucho el abanico: 26 provincias con 5 o menos escaños en los que el PSOE debe luchar por conseguir 2 de ellos si Podemos tiene al alcance 1.

Con respecto a Ciudadanos ya hemos visto como, en la Sesión de Control del miércoles, Sánchez ha ido buscando enmarcar al partido naranja en la ultraderecha y como desertor del liberalismo. Recordemos que, a principios de enero, ya declaró que quería representar al liberalismo que Ciudadanos había dejado “huérfano” (Rivera entiendo que había visto venir esta bola).

Así que el resto de candidatos tendrán que decidir si esta campaña la quieren desarrollar en la misma línea personalista de Sánchez o arroparse en la estructura de sus partidos como la opción a votar a una candidatura grupal donde todos aportan. El problema está en que el planteamiento de Sánchez arrastra mucho interés en el público y la existencia de una pugna personalista siempre tiene tirón, así que no mostrar una alternativa clara y abierta ante ello, sea cual sea la elegida, tiene muchas papeletas para que se pierda interés.

Quién no se tendrá que preocupar mucho de esto es Pablo Iglesias. Durante los últimos años se ha encargado de ir eliminando estructura cercana a su predominancia y ahora mismo es líder indiscutible en Podemos. Esto no implica que se le vea como candidato a la Presidencia del Gobierno, sino como facilitador y ni siquiera, porque primero está la matemática electoral que él mismo podría estar torpedeando en su pugna por la izquierda… o, mejor expresado, en la izquierda.

Ahora, personalismo o no, nadie renuncia al control sobre las listas electorales. Uno puede ser el candidato, pero que no le toquen el acompañamiento. Muchos intentos de reforma electoral han observado desde el distrito único al cambio de D’Hondt por Sainte-Leaguë y otros ajustes que pudieran favorecer a los impulsores, pero nadie habla de implantar un sistema como el británico o el americano, donde el diputado se deba primero a su distrito y luego a su partido.

Tener al alcance la estructura para poder ejecutar la campaña como uno desea sin poner en riesgo el ejercicio posterior de defender el programa en el Parlamento con unos números invariables (siempre que no haya tránsfugas), es sin duda poder contar con lo mejor de dos mundos.

Enrique Cocero
Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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