Candidato y no presidente

La cuestión “debate” ha logrado que Pedro Sánchez baje de su campaña diseñada con tiralíneas y que haya embarrado con una cuestión complicada en campaña electoral, aún más compleja que la conveniencia de ciertos pactos con el fin de gobernar. 

Hoy Sánchez es quien detenta la institución y puede transmitir que, por estar gobernando, él tiene un nivel que los demás contendientes no. Al tiempo este margen es estrecho, ya que la forma de llegar no ha sido a través de las urnas y no lleva mucho tiempo en Moncloa.

Por tanto, hoy era la oportunidad de sus rivales para reubicarle como candidato al quedarse Sánchez al descubierto por primera vez en semanas y, encima, hacerlo de forma presencial. Si salía bien, se encararía la última semana de campaña con la vulnerabilidad del rival abierta en canal y la determinación para convencer, algo esencial en una elección en la que el vértigo del voto llegará hasta el propio domingo.

Sánchez, efectivamente, ha entrado creyendo que lo de ser candidato no iba con él y, cada vez que podía reconducir su mensaje, volvía a aquello que le ha hecho fuerte y distante en estas elecciones, que es hablar del PSOE con matices de sensibilidad social y discurso de futuribles.

Pero quién ha visto primero a Sánchez como candidato y no como Sánchez pretendía, ha sido Albert Rivera. Le ha llevado a límites en los que éste ha gesticulado sin tener la palabra y el realizador de TVE no ha perdido la oportunidad de evidenciarlo.

Sánchez, encorsetado, buscando no abandonar su papel, volvía su mirada a Casado porque mirar a Rivera era un riesgo. Pero cuando el popular tomaba la iniciativa, el candidato socialista, despreciaba agachando la mirada y volvía a gesticular, hasta el punto en el que, su mejor interlocutor, acababa siendo el moderador. En ocasiones, incluso, repetía frases cortas como una letanía.

Menciones al gran ausente tácitas e implícitas corriendo por cuenta de Sánchez: “la ultraderecha a la que usted representa” o “señores de la derecha” o “la ultraderecha que no está en este debate” y la unión de conceptos Brexit – Trump y pacto en Andalucía, apara alentar el voto reactivo, pero tanta insistencia en la cuestión, ha evitado que el mensaje calara con gravedad.

¿E Iglesias? Iglesias estaba en otro debate. Un Iglesias en otro momento temible o, al menos, ante el que mostrar cautela, ha estado buscando su sitio sin querer dañar a Sánchez y dejando que Sánchez tuviera desgaste mientras él metía su mensaje. Tan ajeno que, de hecho, su cierre fue una enlongación del acto de su retorno en la plaza del Reina Sofía.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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