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Los asesinos de la estrategia electoral

Hoy vamos a hablar de los demócratas de Colorado y de John Hickenlooper. El hombre que ostenta ese apellido tan sonoro fue alcalde de Denver de 2003 a 2011, Gobernador de Colorado de 2011 a 2019 y está a punto de anunciar su candidatura a la presidencia de los EEUU en 2020 como demócrata.

No abandonen aún la lectura porque no vamos a hablar de sus logros en los puestos desempeñados, sino de financiación de campañas y candidatos y de construir estructuras políticas que te lleven a ganar elecciones. Hablamos de uno de los planes más efectivos y puede que eficientes que haya conocido la política moderna para ganar hegemonía política (y no: Monedero, Errejón e Iglesias no son los artífices).

Adam Bonin afirma que montar una infraestructura política no es sexy, pero es la forma de ganar las elecciones. ¿Se acuerdan cuando el propio Errejón hablaba de crear una estructura en la que refugiarse si no se lograba el objetivo de gobierno? Pues es sólo una pequeña parte de un plan mejor desarrollado y, por supuesto, mejor comunicado.

Lo de Colorado es un ejercicio para estudiar y que comienza en 2004. En ese año se forma el llamado “Gang of 4”. Cuatro millonarios con sensibilidades progresistas quieren terminar con la dominación republicana en este estado.

Jared Polis: nacido en 1975, en 1999 ya había vendido (y muy bien) un negocio de acceso a internet y una .com, ventas que le hicieron millonario. Polis comenzó su carrera política liderando potentes iniciativas y subvenciones orientadas a la educación, fue congresista por el 2º de Colorado de 2009 a 2019 y hoy es gobernador de este estado. 

Tim Gill, fundador de Quark Inc, una empresa de softwate que marcó el campo de la edición en los 90 y que hoy se dedica a soluciones cloud. Homosexual al igual que Polis, fue desde sus inicios un gran activo para las iniciativas LGTB.

Rutt Bridges ha desarrollado su actividad dentro del mundo del petróleo. Intentó acceder a puesto público en 2004 (Senado) y 2006 (gobernador), pero abandonó ambas campañas antes de llegar a la elección. 

Finalmente, Pat Stryker. La única mujer del grupo es la heredera de la Stryker Corporation, compañía de tecnología médica del Fortune 500 y una gran donante a iniciativas educativas y campañas demócratas quién, en los primeros años de 2000, quería hacer algo más.

En 2004 Stryker encuentra su vehículo en Al Yates, primer afroamericano en ser presidente de la Colorado State University. Yates y Stryker se ven en distintas ocasiones con Polis y Bridges y en 2004 se produce una reunión de Yates con Ted Trimpa, un consultor político que representaba los intereses de Tim Gill. 

Ese verano forman, junto a otros notables del estado, la “Roundtable” (Mesa Redonda) y buscan vías de apoyar candidaturas en un escenario muy restrictivo a la hora de financiar campañas a causa de la McCain–Feingold Act de 2002.

La forma de circunvalación se llamó “Senate 527s” y era aprovechar una forma jurídica apenas utilizada con anterioridad (porque no era necesaria) para montar distintos comités (de apoyo a la familia, de apoyo a la educación…), poner al frente de esos comités a potentes gestores que se coordinaran y apoyaran a candidatos dentro de la ley y sin pasar por las restricciones establecidas para las campañas.

En ese verano, con 500.000 dólares puestos por Gill, Polis y Stryker y machacando datos, decidieron ir a por cinco asientos en la Cámara de Colorado. Pero poco después la pregunta fue… ¿por qué conformarse con 5? Para octubre habían llegado a 1,5 millones de distintas aportaciones y nuevos desembolsos del Gang of 4 y el objetivo era ya dominar las dos cámaras estatales a través de una coalición llamada “Coalition for a Better Colorado”.

Esta iniciativa del Gang of 4, de la cual Polis y Hickenlooper son sólo algunos de los ejemplos visibles, ganó elecciones, cambió el mapa político en el estado, llegó a las cámaras nacionales e impulsó importantes leyes que hoy hacen de Colorado un estado que no era hace 20 años.

El desarrollo de estos modelos, a los que podemos llamar superestructuras (un día de estos trataremos los PACs y los Super PACs), son “súper”, no sólo por su potencia, sino porque se sitúan por encima de los propios partidos y deciden cómo mover recursos para ganar votantes y, de nuevo, vayan si los ganan.

No quiero pasar por alto que comenzaron de forma local, se asentaron y ahora parece que quieran crecer. Su desarrollo ha sido medido, no siempre exitoso porque uno de sus mayores reveses fue creer que el modelo que les dio una sonora victoria podía extenderse en el tiempo tal cual, pero sí hay que reconocer que han sido persistentes y que han sabido aprender del fallo.

Cada elección es distinta y pretender ganar los siguientes comicios con los recursos y planteamientos de los anteriores es un error que sólo lleva al fracaso. Las nuevas ideas y soluciones llegan sabiendo leer los mapas que el electorado deja escritos, descubriendo pautas y no forzando el encaje de cómo los propios sesgos interpretan comportamientos.

No dudo que, si John Hickenlooper ha levantado la mano y ha avisado sobre sus intenciones, es porque detrás tiene una evolución de la “Roundtable” preparada para una campaña nacional.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

La importancia del territorio

Las elecciones de mayo serán algo más que un diagnóstico de la percepción de los españoles sobre nuestra realidad política (de hecho, supondrá la aparición de muchos diagnósticos). Será la encuesta de las encuestas y, por tanto, la orientación interna de los partidos para enfrentarse a unas generales aún no convocadas.

Digo una “orientación” y no “radiografía” porque no se vota al mismo nivel en unas generales, que en unas autonómicas, municipales o europeas. No se vota igual al Congreso que al Senado y las urnas son el mismo día…

En unas municipales uno ve el ayuntamiento a la distancia de un brazo: la limpieza de las calles, la recogida de basuras, el estacionamiento de los coches, impuestos, ayudas, tráfico… el pan, vamos, mientras que en unas europeas Estrasburgo y Bruselas están muy, muy lejos.

El voto local o regional muestran que la cercanía importa mucho y que el “gran líder” es un modelo que ya no funciona como funcionaba en la época de Aznar o de González (ni hablemos del modelo mesiánico que aún intenta respirar). Lo ocurrido durante años en el País Vasco y ahora en Cataluña ha despertado una mayor conciencia de lo propio en todo el país y es que el agravio comparativo pesa mucho. 

Aquí es de donde los partidos a nivel nacional han de poner sus ojos, su capacidad de equilibrio y su estrategia junto a las figuras locales porque, a nivel nacional, no puedes contentar a todo el mundo. Sobre el papel sí, claro. Hay un par de dichos en consultoría que rezan “Power Point lo aguanta todo” y “una Excel adecuadamente torturada, dice lo que uno quiera”, pero luego, si los días pasan y lo prometido no llega, la atomización, ese refugio en lo cercano, se potencia y no sólo perjudica al líder nacional, sino también al local que se situó a su lado.

Un candidato a la Presidencia del Gobierno tiene muchas facultades, pero la ubicuidad no es una de ellas. En la planificación de las campañas se mira con mucho detenimiento la agenda, desplazamientos, apariciones, localizaciones, temáticas según éstas últimas y, por supuesto, las horas en las que se realizan las intervenciones para poder permitir a los informativos conectar en directo en un momento en el que el mensaje tenga relevancia a nivel nacional.

Pero como no se puede estar en todos sitios al mismo tiempo, se ha de confiar en el valor, el esfuerzo y el buen hacer de los representantes locales y, de aquí, un añadido a la importancia de la que ya gozan los llamados “barones” y un factor crítico para los distintos partidos.

Caso Podemos: Pablo Iglesias se ha encargado todos estos años de ir agrandando el espacio que le separe de cualquier persona o grupo que le pueda hacer sombra en la hegemonía del partido.

Por hegemonía no sólo entiendo ser la figura predominante que administra sus intervenciones con una fuerte conciencia de exclusividad, sino que su estructura se forme de tal manera que sus intereses coincidan con el interés general, que su pensamiento y propuesta prevalezcan por encima de cualquier disensión. No hay dominación, por tanto, porque la estructura ya ha sido adaptada a que esos intereses coincidan.

Iglesias entendió que la cercanía de las mareas, esa territorialidad que genera confianza, sería lo que podía dar una mayor seguridad de penetración en el voto. Pero, desde mi punto de vista, ha chocado con dos elementos sangrantes: el primero que es complicado mantener un nivel de compromiso y participación como del que se presumía en los inicios de Podemos.

El segundo un personalismo excesivo en la búsqueda de la hegemonía que comentaba arriba y que se ha ido de frente con otros personalismos y otros intereses más locales que también buscan potencia.

Otro caso es el del PSOE. El PSOE lleva en su ADN la organización en federaciones y en las federaciones mandan los locales, lo cual, de nuevo, puede suponer una ventaja a la hora de permeabilizar regionalmente.

Pero también puede suponer un importante dolor de cabeza para los de la calle Ferraz cuando, buscando ganar enteros desde Moncloa, entran en juego los intereses regionales (ejemplo reciente; el PSOE de Extremadura hace pocas semanas apoyando el 155 sobre una propuesta del PP). Así que… ¿quién puede garantizar mejor la representatividad en el Congreso de los Diputados?

Pongan por caso Andalucía. El PSOE tiene ahora mismo 20 escaños de esta comunidad autónoma sobre un total de 85. Es decir; un 23,5% de su representación viene de un territorio en el que Susana Díaz es su principal valedora. ¿Cree Pedro Sánchez que Susana Díaz le puede mantener o incluso incrementar esa representación o cree que hay alguien que pueda hacerlo mejor? De nuevo, el candidato no es ubicuo, así que alguien con profundidad ha de estar mirando por la región.

Evidentemente más difícil lo tiene Iglesias con todo lo que está ocurriendo recientemente. En Andalucía se han evidenciado fricciones y en Madrid se ha producido una fuga de notables. El cisma podría no quedar aquí si surge una marea en Madrid que haría de Iglesias el principal damnificado porque él será cabeza de lista y le  podría salir un nuevo rival (o enemigo) que cubriría todo su espacio ideológico, ya que la pelea está más en cuestiones internas que de programa.

Cuando alguien habla de un superdomingo siempre acabo pensando que sería desperdiciar recursos e información. Recursos porque no creo que sea buena idea arrastrar o dejar ser arrastrado por las actuaciones de otro e información porque, como decía al principio, mayo será la encuesta de las encuestas si se saben leer los resultados de forma adecuada (sin torturar excels).

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

Futuro inmediato

“El futuro ya no es lo que solía ser”. Tiempo atrás de las convenciones de los partidos políticos interesaban menos los argumentos y los posicionamientos y más los carteles. Era una especie de noche de los óscars ver quiénes eran los candidatos designados mientras que la parte ideológica y propositiva quedaba un poco de lado porque, a fin de cuentas, los posicionamientos eran más diferenciados entre partidos, entre las opciones.

Pero hoy importan, con una mayor intensidad, las propuestas y los posicionamientos, porque una misma orientación política está reflejada con distintas intensidades en distintas formaciones. Puede que no despierten la expectativa momentánea, casi el morbo, que siempre tendrán las nominaciones, pero importan. Importan porque hoy hay más partidos para los mismos votantes, con lo que no sólo se trata de lo que se diga o se defienda, quién lo diga o lo defienda, sino que importan los matices.

Al igual que en ciertos átomos, podemos considerar la voluntad de voto como electrones en riesgo de ser cedidos al entorno o a otro elemento y producir un efecto químico llamado (paradojas de la vida) “oxidación”. Y es que esas propuestas son las que producen posibles cambios en la inclinación del voto y perderlo implica dejar de jugar en las ligas mayores, dejar de tener posibilidades de gobernar, apoyar gobiernos o negociar y quedarse aun lado del jardín generando óxido.

Cualquier posicionamiento en cualquier momento y a través de cualquier canal, es foco de atención y, su relevancia se potencia por tres factores: uno la propia temática; dos qué se aporta en un momento concreto a la cuestión; el tercer factor es quién, con nombres y apellidos, decide exponerse para abrir campo. Por ejemplo, para posicionarse respecto al aborto hace falta algo más que nombrarlo o saber que se escribe sin “h” y eso que el término en sí ya produce bastante resonancia.

Luego viene lo que se proponga sobre la cuestión: ¿Es un tema que hoy da votos o que aporta más ruido que señal? ¿cuál es mi postura? ¿plazos? ¿supuestos? ¿acceso gratuito en cualquier momento? ¿su prohibición completa? Y, finalmente, dos preguntas en función de si quiero intervenir o si he de contestar: ¿quién lanza el mensaje? ¿quién lanza la réplica? Normalmente hay responsables para cada una de las distintas áreas que un partido abarca, pero si sale el secretario general o el presidente del partido, ya indica la importancia del tema en cuestión, la potencia de la carga y lo mucho que ese tema va a marcar la agenda.

Hoy, con ese mayor número de partidos por orientación política, estamos frente a los escenarios más evidentes de tener que diferenciar quién es tu rival, quién tu enemigo y cuál es el nivel de amenaza de cada uno de ellos.

Por ejemplo, en el caso de Podemos con la salida de Íñigo Errejón hacia la plataforma de Manuela Carmena, la gente de Iglesias puede que considere rival al PSOE y a un enemigo con alto riesgo a Más Madrid (independientemente de cómo se quiera ver a los partidos que quedan del centro hacia la derecha), aunque no olvidemos que, si ambos consiguen representación, deberá tratar con ellos tras las elecciones.

Pero en el caso de Podemos y Más Madrid surge una pregunta esencial para los programas que deberán resolver al votante: ¿cuál será el diferencial en las propuestas? Vienen del mismo entorno y, de hecho, hace cuatro años no se hicieron sombra para así optimizar votos. Es más, recuerden el día en que Manuela Carmena tomaba posesión de la alcaldía que, en uno de los balcones del salón de plenos, estaban Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón mostrando abiertamente su contento y, no sin intención, acaparando la atención de los medios.

Por tanto, dado que hay matices en liza y que el posicionamiento no es algo que aplique sólo en tiempo de campaña, los partidos / candidaturas deberían gestionar tres listas: una que recogiera aquello “en qué soy yo fuerte”, otra “en que es fuerte mi rival/enemigo” y una tercera de “Miscelánea” o aquellos temas que no se encuentran en ninguna de las listas anteriores, en los que no hay una hegemonía definida y que pueden saltar a primer plano en cualquier momento obligando a intervenir (un calendario no viene nada mal, tampoco).

No todo tiene la misma importancia, evidentemente, ni todo puede ser lo que marque tiempos, pero el foco y los principales objetivos han de quedar claros porque ir a por todo es perder tiempo y, sobre todo, dinero y con ambos recursos mal administrados, los votos vuelan produciendo “óxido”.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

Estrellas o jugadores

En un deporte centenario como el baseball y que ha generado tanta literatura y tanto cine, hay dos citas por las que siento debilidad. Una es de Tommy Lasorda: “La temporada regular son 162 partidos. No importa lo malo que seas, vas a ganar 54. No importa lo bueno que seas, vas a perder otros 54. Es el otro tercio el que marca la diferencia”.

La otra es de Earl Weaver: “¿Racha? La racha dura hasta que sale el pitcher en el siguiente partido”.

Se acercan elecciones. Tenemos por delante la triple convocatoria de mayo y, en el horizonte, unas generales que no creo que ocurran hasta ver los resultados de las primeras. En todas esas campañas se cometerán aciertos y errores, los segundos generarán más comentarios y titulares que los primeros, consumirán más en el tiempo obligando a alterar agendas, y ninguna candidatura podrá escapar a ello. En definitiva: se ganarán algunos partidos, se perderán otros y las rachas durarán hasta la siguiente comparecencia pública.

Así que, si nos metemos en la cuestión de las candidaturas, decir que España no funciona en un sistema aislado. No es como aquellos problemas de física en el que una bola recorría un plano inclinado y se suponía rozamiento cero o uno de economía en el que se suponía que todos los agentes que intervenían en el mercado estaban perfectamente informados.

España, como cualquier otro país de nuestro entorno, es un sistema permeable, con muchos impactos e influencias y en el que se producen nuevas dinámicas que modifican, entre otras, la realidad política. En España estas dinámicas simplemente han aparecido más tarde. Movimientos por la izquierda como Podemos ya funcionaban en otros países antes de que los de Pablo Iglesias desembarcaran y, de hecho, en algunos de ellos hasta gobiernan.

Por el lado de la derecha, hagan su elección; ¿Se acuerdan de aquellos tiempos de temor a lo Neo-Con o del Tea Party? Pues todo aquello ha quedado atrás y lo que se nos presenta hoy incluye a Le Pen Francia, Trump en Estados Unidos, Salvini Italia, Orban en Hungría o Bolsonaro en Brasil. Diferentes entre sí, pero todos unidos por ser nombrados bajo distintos significantes como puedan ser “populistas de derechas”, “extrema derecha”, “las derechas” o “ultraderecha”.

Todos ellos son términos que se usan para identificar al partido o al candidato más afín a esa ideología, pero que los rivales aprovechan para incorporar, antes o después, a cualquiera que entre en negociación con ellos. Es innegable que, se les llame como se les llame, hoy son los protagonistas y marcan la agenda, los titulares o los tweets y acompañan a una continua búsqueda de golpes de efecto y audiencia. Así que, si volvemos a la analogía deportiva, estamos en plena temporada y los equipos se están armando en fichajes para incrementar sus opciones y tener una mayor relevancia de inicio que pueda hacer frente a este protagonismo.

“Encontrar al candidato” parece ser el mantra para este momento electoral en el que ya estamos tras toda una vorágine generalizada de primarias, más primarias, escisiones, abandonos, incorporaciones, salidas, nombramientos ministeriales y demás movimientos en los distintos tableros. Los reacondicionamientos y la demanda de titulares han dejado a los partidos hiperactivos a la hora de comunicar, pero no están holgados de banquillo.

Entonces, a la hora de decidir, ¿merece más la pena que la candidatura la detente alguien que sea popular o que sea solvente? ¿Solvente a riesgo de perder en popularidad? ¿Popular a riesgo de perder en solvencia? Las respuestas a estas preguntas no son triviales y algunos de los puestos a cubrir van a ir a campañas locales o regionales que serán muy mediáticas, que van a ser seguidas muy de cerca de nivel nacional y que pueden marcar la agenda de otras campañas que ni siquiera estén en la misma región. Hay que equilibrar entre la solidez y la relevancia y es que no siempre van de la mano.

Cada campaña electoral es nueva y lo es porque todo aquello que fue decisivo en las anteriores elecciones no va a ser lo que protagonice las próximas. En Andalucía, por ejemplo, ya hemos visto la silueta de Vox planear, incluso invadir la campaña electoral y esa silueta ha impregnado también las negociaciones para formar gobierno con lo que, hoy, parece complicado que vayamos a salir de la dinámica de los protagonismos y pasar a la de las propuestas (y no será porque no las haya campo a cubrir, porque ahí tenemos cómo combinarían las propuestas de digitalización y automatización con las de creación de empleo).

 

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

El menor de dos males

El menor de dos males

“The lesser of two evils”. Algo así deben estar pensando los británicos a fecha de hoy cuando el Brexit no sale y no sale y no sale y ya sólo queda un acuerdo in extremis o salir sin acuerdo. Después de tantas ocasiones que eran “límite”, “definitivas”, “críticas” … Estamos ante un escenario en que esos calificativos se convierten en una amenaza real y ya no en un generador de suspense u otras emociones que ayudan a vender tweets y titulares.

Con el resultado negativo (abrumador) en la votación de ayer en el Parlamento, May tiene en este momento horas para proponer un plan B a Bruselas (formalmente son 3 días), que Bruselas lo acepte y volver a someterlo a la votación en el Parlamento. No va a haber tiempo para mucho más, ya que el Acta de Salida de la UE establece el 29 de marzo de este año como la fecha límite de la salida.

Cierto que ambas partes pueden prorrogar esa fecha, pero ninguna de ellas quiere que se alargue indefinidamente. La solicitaría Londres y los 27 que se mantienen en la UE deberían apoyarla. ¿Pero cuánto duraría la prórroga? Alguien podría contestar que hasta que hubiera acuerdo, pero sin fecha es insostenible. Es más; la fecha ya está dada y es julio de este año porque, recuerden, que en mayo hay elecciones europeas y en la primera semana de aquel mes ha de quedar conformado el Parlamento.

Si el 29 de marzo no hay acuerdo ni prórroga, se ejecutaría un “No-Deal Brexit”, lo que implica la salida del Reino Unido de la noche a la mañana, sin acuerdo y con los perjuicios a repartir entre todos, pero no de igual manera. En vez de que el comercio se regule por las premisas existentes hasta ahora o, con unas líneas pactadas entre ambos intereses, pasarían a ser reguladas según lo indicado por la Organización Internacional de Comercio, aplicando nuevos impuestos y tasas a la exportación e importación, lo que dispararía los precios de productos y servicios. ¿Principal afectado? Gran Bretaña.

Sin acuerdo Reino Unido perdería sus prerrogativas comerciales, no sólo con la UE, sino con países no comunitarios, ya que esos acuerdos fueron tratados por la UE como conjunto. Algunos podrían incluso querer sacar una mayor ventaja y la buscarían minando la posición de Gran Bretaña porque, a fin de cuentas, la mayor parte del mercado se queda en la UE. Todo esto sin hablar de las nuevas condiciones de negociación de terceros frente a la UE dado que los “britons” ya no están en ella.

Pero estamos hablando de una votación en Westminster, Londres. Allí donde los intereses de la UE no cuentan en absoluto; donde los laboristas quieren acceder al 10 de Downing Street y la vía más rápida es evidenciar la incapacidad de Theresa May; donde hay 650 escaños en los que se representan a 66 millones de ciudadanos y de los cuáles 47 millones están registrados para poder votar; donde el asiento se gana distrito a distrito; donde no pocos parlamentarios conservadores están a favor de volver a aquella “Splendid Isolation”, bien por convicción o bien porque sus distritos están poblados de “pro-brexiters” y donde, en definitiva, el escenario para que Theresa May pueda sacar adelante un acuerdo con la UE es una imagen devastadora.

Me resulta curioso que una de las soluciones propuestas sea un nuevo referéndum. Cierto es que desde hace más de un año (septiembre de 2017) la tónica de las encuestas acerca de si el Brexit ha sido una buena o mala decisión, evidencian que los británicos piensan que ha sido mala.

Es cierto que muchas de esas encuestas las realiza YouGov, lo que implicaría un sesgo hacia la izquierda por la tipología del público que participa, pero también eran de esta plataforma las encuestas que antes de septiembre de 2017 decían que había sido una buena decisión, con lo que el sesgo comentado hay que tomarlo con prudencia.

Entonces, si hay una mayoría más o menos constante en las encuestas que hablan de que el Brexit no ha sido tan buena idea, ¿por qué no votar el acuerdo si, como dice la Primera Ministra es necesario salvaguardar la economía, la seguridad, la propia Unión y no dejar al país abandonado? La respuesta es la de siempre, es ubicua y parece que no da la sensación de no cambiar en breve: cortoplacismo.

El acuerdo es, en palabras de la propia May, “no perfecto y sí, es un punto medio”. “Punto medio” con Europa no suena en absoluto a victoria, ni siquiera a ventaja. Tras años de encabezar y, por tanto, sostener a otras economías, muchos parlamentarios quieren, o se ven obligados, a rechazar el acuerdo. Una falta de acuerdo probablemente llevaría a unas elecciones y en ella 650 políticos se volverían a enfrentar a sus electores, asiento por asiento.

¿Y por qué no un nuevo referéndum? Porque un nuevo referéndum abriría la puerta a deslegitimar todos los futuros referéndums. El 23 de junio de 2016 los británicos votaron a favor de abandonar la UE y esa decisión ha de llevarse a cabo. De hecho, le costó el puesto al Primer Ministro que lo convocó, aquel David Cameron que lo incluyó como promesa para ganar las elecciones y que se volvió a hacer las maletas tarareando el día que se despidió de su cargo. No soy nada fan de las interpretaciones de “mandatos” como resultado de unas elecciones, pero en una consulta a “Sí” o “No”, es complicado no entender la orden.

Si hacemos un símil, esta contienda ha disfrutado de muchos tiempos muertos, pero ha de acabar en el tiempo establecido y el resultado ha de ser el que todos ya sabemos: el que los británicos mayoritariamente votaron. Cierto que ellos sólo se preocuparon del sí o no y el resto está en manos de sus negociadores, pero estos se comprometieron a encontrar las vías.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

El menor de dos males