El menor de dos males

El menor de dos males

Artículo escrito y publicado en la edición impresa de expansión del 17 de enero de 2019.

“The lesser of two evils”. Algo así deben estar pensando los británicos a fecha de hoy cuando el Brexit no sale y no sale y no sale y ya sólo queda un acuerdo in extremis o salir sin acuerdo. Después de tantas ocasiones que eran “límite”, “definitivas”, “críticas” … Estamos ante un escenario en que esos calificativos se convierten en una amenaza real y ya no en un generador de suspense u otras emociones que ayudan a vender tweets y titulares.

Con el resultado negativo (abrumador) en la votación de ayer en el Parlamento, May tiene en este momento horas para proponer un plan B a Bruselas (formalmente son 3 días), que Bruselas lo acepte y volver a someterlo a la votación en el Parlamento. No va a haber tiempo para mucho más, ya que el Acta de Salida de la UE establece el 29 de marzo de este año como la fecha límite de la salida.

Cierto que ambas partes pueden prorrogar esa fecha, pero ninguna de ellas quiere que se alargue indefinidamente. La solicitaría Londres y los 27 que se mantienen en la UE deberían apoyarla. ¿Pero cuánto duraría la prórroga? Alguien podría contestar que hasta que hubiera acuerdo, pero sin fecha es insostenible. Es más; la fecha ya está dada y es julio de este año porque, recuerden, que en mayo hay elecciones europeas y en la primera semana de aquel mes ha de quedar conformado el Parlamento.

Si el 29 de marzo no hay acuerdo ni prórroga, se ejecutaría un “No-Deal Brexit”, lo que implica la salida del Reino Unido de la noche a la mañana, sin acuerdo y con los perjuicios a repartir entre todos, pero no de igual manera. En vez de que el comercio se regule por las premisas existentes hasta ahora o, con unas líneas pactadas entre ambos intereses, pasarían a ser reguladas según lo indicado por la Organización Internacional de Comercio, aplicando nuevos impuestos y tasas a la exportación e importación, lo que dispararía los precios de productos y servicios. ¿Principal afectado? Gran Bretaña.

Sin acuerdo Reino Unido perdería sus prerrogativas comerciales, no sólo con la UE, sino con países no comunitarios, ya que esos acuerdos fueron tratados por la UE como conjunto. Algunos podrían incluso querer sacar una mayor ventaja y la buscarían minando la posición de Gran Bretaña porque, a fin de cuentas, la mayor parte del mercado se queda en la UE. Todo esto sin hablar de las nuevas condiciones de negociación de terceros frente a la UE dado que los “britons” ya no están en ella.

Pero estamos hablando de una votación en Westminster, Londres. Allí donde los intereses de la UE no cuentan en absoluto; donde los laboristas quieren acceder al 10 de Downing Street y la vía más rápida es evidenciar la incapacidad de Theresa May; donde hay 650 escaños en los que se representan a 66 millones de ciudadanos y de los cuáles 47 millones están registrados para poder votar; donde el asiento se gana distrito a distrito; donde no pocos parlamentarios conservadores están a favor de volver a aquella “Splendid Isolation”, bien por convicción o bien porque sus distritos están poblados de “pro-brexiters” y donde, en definitiva, el escenario para que Theresa May pueda sacar adelante un acuerdo con la UE es una imagen devastadora.

Me resulta curioso que una de las soluciones propuestas sea un nuevo referéndum. Cierto es que desde hace más de un año (septiembre de 2017) la tónica de las encuestas acerca de si el Brexit ha sido una buena o mala decisión, evidencian que los británicos piensan que ha sido mala.

Es cierto que muchas de esas encuestas las realiza YouGov, lo que implicaría un sesgo hacia la izquierda por la tipología del público que participa, pero también eran de esta plataforma las encuestas que antes de septiembre de 2017 decían que había sido una buena decisión, con lo que el sesgo comentado hay que tomarlo con prudencia.

Entonces, si hay una mayoría más o menos constante en las encuestas que hablan de que el Brexit no ha sido tan buena idea, ¿por qué no votar el acuerdo si, como dice la Primera Ministra es necesario salvaguardar la economía, la seguridad, la propia Unión y no dejar al país abandonado? La respuesta es la de siempre, es ubicua y parece que no da la sensación de no cambiar en breve: cortoplacismo.

El acuerdo es, en palabras de la propia May, “no perfecto y sí, es un punto medio”. “Punto medio” con Europa no suena en absoluto a victoria, ni siquiera a ventaja. Tras años de encabezar y, por tanto, sostener a otras economías, muchos parlamentarios quieren, o se ven obligados, a rechazar el acuerdo. Una falta de acuerdo probablemente llevaría a unas elecciones y en ella 650 políticos se volverían a enfrentar a sus electores, asiento por asiento.

¿Y por qué no un nuevo referéndum? Porque un nuevo referéndum abriría la puerta a deslegitimar todos los futuros referéndums. El 23 de junio de 2016 los británicos votaron a favor de abandonar la UE y esa decisión ha de llevarse a cabo. De hecho, le costó el puesto al Primer Ministro que lo convocó, aquel David Cameron que lo incluyó como promesa para ganar las elecciones y que se volvió a hacer las maletas tarareando el día que se despidió de su cargo. No soy nada fan de las interpretaciones de “mandatos” como resultado de unas elecciones, pero en una consulta a “Sí” o “No”, es complicado no entender la orden.

Si hacemos un símil, esta contienda ha disfrutado de muchos tiempos muertos, pero ha de acabar en el tiempo establecido y el resultado ha de ser el que todos ya sabemos: el que los británicos mayoritariamente votaron. Cierto que ellos sólo se preocuparon del sí o no y el resto está en manos de sus negociadores, pero estos se comprometieron a encontrar las vías.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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