En busca del logro

“Me impresiona lo importante que son las mediciones para poder mejorar. Se puede lograr un progreso increíble si se establece una meta clara y se encuentra una medida que impulse el progreso hacia esa meta. Puede parecer básico, pero sorprende la frecuencia con la que no se hace y lo difícil que es hacerlo bien».

— Bill Gates.

Hubo un momento ayer que, si alguien me pedía otra porra con el resultado electoral o me pasaba un tracking más, iba a aborrecer la democracia. Por supuesto no la democracia como sistema, sino la democracia como entretenimiento. Conste que he hecho mis predicciones y he incumplido la advertencia de G. Eliot por la cual afirma que la profecía es la forma más gratuita de error.

Pero en cuanto el escrutinio comenzó a realizarse me sorprendió una cosa y es que Ciudadanos comenzaba muy fuerte en las mesas pequeñas. A las 2138h la formación de Albert Rivera contaba con una proyección de 53 escaños, algo que no había visto en 2016, donde Ciudadanos había empezado muy flojo y fue creciendo a medida que llegaban los resultados de las mesas más grandes.

Esto sólo podía significar que la gente de Rivera había desplazado al Partido Popular de las zonas rurales y las poblaciones pequeñas. Lo malo para la gente de Génova sería ver cómo esa percolación no había afectado a lo que ya tenían en las urbes y, según pasaban los minutos, los escaños iban cayendo poco a poco. No era vertiginoso, pero afianzaban su resultado, si acaso no lo subían, a cada actualización de los datos.

Esto producía dos lecturas: o bien Ciudadanos había sabido afianzar el centro ya en todo el territorio nacional, o bien el Partido Popular lo había descuidado en su persecución de valores más tradicionales o más conservadores que Vox llevaba tiempo conquistando. Cierto que no mucho tiempo, porque todo ha ocurrido muy rápido, pero el suficiente y con el entusiasmo necesario como para tomar posesión de ellos.

Vox en esta campaña ha desarrollado un mensaje meridiano, persistente y todo giraba en torno a unir dos conceptos: “Vox” y “España”. Esta combinación de pertenencia y patriotismo ha funcionado, sí, pero funcionó hasta un límite y ése es el límite que les iba a hacer invariantes en votos subiera o bajara la participación.

Vox no ha hablado a estudiantes de las tasas universitarias, o a personas mayores de las pensiones. No ha hablado apenas de impuestos y, de haberlo hecho, su mensaje no ha sido diferencial respecto al del partido Popular o al de Ciudadanos. Resultado, 24 escaños y la certeza de que, o hay mensaje nuevo, o el campo colonizado estos días es todo el campo a colonizar.

Los votantes de Vox, supongo que al igual que sus dirigentes, se deben sentir algo frustrados desde el domingo por la noche. Las expectativas (las encuestas) eran mucho más favorables. Se esperaba generara el mismo efecto exponencial que se vivió en las elecciones andaluzas de diciembre pasado, pero partiendo de esos 24 escaños.

El problema es que ésta es la cifra ya cerrada, no el origen de una revolución, y, junto a la ineficiencia de los resultados del PP y Ciudadanos, la posibilidad de condicionar el legislativo en los próximos cuatro años se queda en apenas nada. Ahora toca dinámica parlamentaria, acudir a las sesiones de control y a los plenos, prepararlos, ejecutarlos, que trascienda a los medios y volver los fines de semana a ganar campo electoral.

Por tanto, el bloqueo por parte de Vox del campo más conservador debió levantar las alertas del Partido Popular y hacerle mirar a su objetivo real y alcanzable: un centro que estaba en disputa. Pedro Sánchez buscaba captarlo desde el lado izquierdo del espectro y, desde ahí, extenderse a la izquierda y no recibió mejor refrendo que el tono comedido de Pablo Iglesias a la hora de plantear competencia.

Los fichajes estrella no han servido de mucho. En contra de lo que he oído por ahí, no creo que el movimiento de Ángel Garrido haya sido determinante, ni apenas influyente. No creo que tampoco lo sea para su principal objetivo, que son las elecciones autonómicas. No creo que ese tipo de movimientos tengan más recorrido que el del morbo temporal y de consumo rápido.

El centro-derecha sigue en liza. El triunfalismo de Ciudadanos pasará y el bajón del PP también. Habrá que tener mucho cuidado con los excesos de ánimo de los primeros, con los rumores y filtraciones sobre posibles pactos con el PSOE. Hoy, de hecho, ya he escuchado una negativa a pactar, poco después una posibilidad abierta y, minutos más tarde, un cierre en rotundo.

En el lado de Pablo Casado los elementos que hagan perder el foco vendrán con toda la cadena de noticias y rumores que quedan por delante: dimisiones, presiones para que lleguen éstas, que si la venta de Génova o el desmantelamiento de la estructura de los segundos. Será ruido, sí, pero ruido incómodo sino doloroso que habrá que ser rápido en acallar.

Ayer lunes comenzó, de nuevo, la batalla por el siempre huérfano centro. Un centro que está capitalizado por el lado izquierdo y que el lado derecho aún no tiene un inventario de temas que tratar, un método para tratarlos, un calendario para cumplirlos ni una forma de controlar qué tramos se han cubierto.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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