Futuro inmediato

 In Política

Artículo escrito y publicado para www.expansion.com en la edición impresa del jueves 24 de enero de 2019.

El futuro ya no es lo que solía ser”. Tiempo atrás de las convenciones de los partidos políticos interesaban menos los argumentos y los posicionamientos y más los carteles. Era una especie de noche de los óscars ver quiénes eran los candidatos designados mientras que la parte ideológica y propositiva quedaba un poco de lado porque, a fin de cuentas, los posicionamientos eran más diferenciados entre partidos, entre las opciones. 

Pero hoy importan, con una mayor intensidad, las propuestas y los posicionamientos, porque una misma orientación política está reflejada con distintas intensidades en distintas formaciones. Puede que no despierten la expectativa momentánea, casi el morbo, que siempre tendrán las nominaciones, pero importan. Importan porque hoy hay más partidos para los mismos votantes, con lo que no sólo se trata de lo que se diga o se defienda, quién lo diga o lo defienda, sino que importan los matices. 

Al igual que en ciertos átomos, podemos considerar la voluntad de voto como electrones en riesgo de ser cedidos al entorno o a otro elemento y producir un efecto químico llamado (paradojas de la vida) “oxidación”. Y es que esas propuestas son las que producen posibles cambios en la inclinación del voto y perderlo implica dejar de jugar en las ligas mayores, dejar de tener posibilidades de gobernar, apoyar gobiernos o negociar y quedarse aun lado del jardín generando óxido. 

Cualquier posicionamiento en cualquier momento y a través de cualquier canal, es foco de atención y, su relevancia se potencia por tres factores: uno la propia temática; dos qué se aporta en un momento concreto a la cuestión; el tercer factor es quién, con nombres y apellidos, decide exponerse para abrir campo. Por ejemplo, para posicionarse respecto al aborto hace falta algo más que nombrarlo o saber que se escribe sin “h” y eso que el término en sí ya produce bastante resonancia. 

Luego viene lo que se proponga sobre la cuestión: ¿Es un tema que hoy da votos o que aporta más ruido que señal? ¿cuál es mi postura? ¿plazos? ¿supuestos? ¿acceso gratuito en cualquier momento? ¿su prohibición completa? Y, finalmente, dos preguntas en función de si quiero intervenir o si he de contestar: ¿quién lanza el mensaje? ¿quién lanza la réplica? Normalmente hay responsables para cada una de las distintas áreas que un partido abarca, pero si sale el secretario general o el presidente del partido, ya indica la importancia del tema en cuestión, la potencia de la carga y lo mucho que ese tema va a marcar la agenda. 

Hoy, con ese mayor número de partidos por orientación política, estamos frente a los escenarios más evidentes de tener que diferenciar quién es tu rival, quién tu enemigo y cuál es el nivel de amenaza de cada uno de ellos. 

Por ejemplo, en el caso de Podemos con la salida de Íñigo Errejón hacia la plataforma de Manuela Carmena, la gente de Iglesias puede que considere rival al PSOE y a un enemigo con alto riesgo a Más Madrid (independientemente de cómo se quiera ver a los partidos que quedan del centro hacia la derecha), aunque no olvidemos que, si ambos consiguen representación, deberá tratar con ellos tras las elecciones. 

Pero en el caso de Podemos y Más Madrid surge una pregunta esencial para los programas que deberán resolver al votante: ¿cuál será el diferencial en las propuestas? Vienen del mismo entorno y, de hecho, hace cuatro años no se hicieron sombra para así optimizar votos. Es más, recuerden el día en que Manuela Carmena tomaba posesión de la alcaldía que, en uno de los balcones del salón de plenos, estaban Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón mostrando abiertamente su contento y, no sin intención, acaparando la atención de los medios. 

Por tanto, dado que hay matices en liza y que el posicionamiento no es algo que aplique sólo en tiempo de campaña, los partidos/candidaturas deberían gestionar tres listas: una que recogiera aquello “en qué soy yo fuerte”, otra “en qué es fuerte mi rival/enemigo” y una tercera de “Miscelánea” o aquellos temas que no se encuentran en ninguna de las listas anteriores, en los que no hay una hegemonía definida y que pueden saltar a primer plano en cualquier momento obligando a intervenir (un calendario no viene nada mal, tampoco). 

No todo tiene la misma importancia, evidentemente, ni todo puede ser lo que marque tiempos, pero el foco y los principales objetivos han de quedar claros porque ir a por todo es perder tiempo y, sobre todo, dinero y con ambos recursos mal administrados, los votos vuelan produciendo “óxido”.

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