Histórico

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“La historia es la memoria de los estados”, decía Henry Kissinger. Reveladora esta frase hoy, cuando todo lo que ocurre todos los días dicen que es “histórico”. 

Desde Vox a Podemos las victorias, los acuerdos, las comparecencias, las propuestas, los encuentros… todo parece tener su boleto de espera para entrar en los libros de texto cuando, en realidad, son las consecuencias de estos hechos las que, si acaso, acabarán formando parte de los exámenes de los adolescentes o universitarios (y alta probabilidad de que no sea por los efectos esperados). 

Como enmienda a la totalidad, citaré de nuevo al Secretario de Estado cuando afirmó que “no es frecuente que las naciones aprendan del pasado y más raro que extraigan las conclusiones correctas”. Así que rebajemos la expectativa de estar viviendo la crónica que marcará nuestro tiempo: tomemos distancia recordando el 28 de junio de 1914 en Sarajevo y cómo el asesinato del archiduque Francisco Fernando provocó que Austria declarase la guerra a Serbia. Serbia pidió entonces ayuda a Rusia, Prusia declaró la guerra a Rusia, a Francia e invadió Bélgica. Acto seguido Gran Bretaña declaró la guerra a Prusia… y en cinco semanas se montó la Primera Guerra Mundial. Un verdadero ejemplo de sucesión de acontecimientos históricos.

Con lo cual un Congreso de los Diputados con 16 partidos representados tampoco es algo histórico en sí. Lo será en función de lo que ocurra en los próximos días, semanas, meses, años… a saber. Esta hiper-representatividad es, si acaso, una anécdota que dejará de serlo si en las siguientes elecciones se mantiene la atomización. Por tanto, todo lo relevante está por llegar y queda a cargo de estos 350 diputados que tienen en su mano, no sólo otorgar un gobierno a la nación, sino saber ser ágiles y eficientes a la hora de cumplir con su principal objetivo: legislar. 

Fragmentación y estabilidad son dos términos que no parecen coincidir mucho en una misma frase si no es para contraponerlos y la experiencia de los partidos que hoy tienen representación parlamentaria es modesta bajo este escenario. Contamos con el pragmatismo del PNV, acostumbrado a pactar gobiernos en Vitoria o a ver cómo otros pactos les han sacado de Ajuria Enea; incluye recelo, como el que muestran ERC y JxCAT, obligados a presentar un frente común, pero mirándose de reojo porque son los que hoy buscan la continuidad en el Govern.

Esta rivalidad la vamos a ver también en las relaciones PP – Vox o PSOE – Podemos. Decía Juan Carlos Monedero que la fundación de Podemos tenía cierta base en evitar el modelo que durante años siguió Izquierda Unida: un papel de recordarle al PSOE los valores de la izquierda y dónde ésta debería estar. Si es dentro del gobierno, Podemos va a ir a por el PSOE de una forma similar. Si es en el gobierno a través de acciones paralelas y más si logra ministerios con presupuesto y una vicepresidencia que los habilite. Si no entra en el gobierno, se convertirá en una suerte de Jacob Marley, el fantasma que le recordaba a Ebenizer Scrooge todos los eslabones de todas las cadenas que arrastraría en el más allá como producto de sus malas acciones.

Ciudadanos intentará, ya con Inés Arrimadas a la cabeza, recuperar un centro que abandonó por buscar el espacio del Partido Popular (mismo error que el PP cometió con Vox en abril) y en el que se encuentra un importante grueso de votantes. La reubicación desde el manierismo de la última época de Rivera, obliga a sus sustituta a una doble tarea: dar al electorado lo que esperaba de la formación cuando votaron en abril y, más a título particular, salir del confort de ser popular y construirse como líder de un partido que tiene algo más que grietas.

Vox ha jugado ya el primer día a una postura de desalineamiento, pero que ha sido poco práctica. La jugada de la Mesa del Congreso se puede ver hoy como una reivindicación, pero en cuanto empiece a rodar la legislatura se evidenciará la importancia de esa cuarta silla que ahora, en ningún caso, ya jugará a favor.

La formación de Abascal, no obstante, ya tiene toda la escena montada: enemigos naturales en la izquierda, nacionalismo, regionalismo e independentismo; rivales no dignos en el Partido Popular y Ciudadanos y, además, siendo la tercera fuerza del Congreso. Todo esto aderezado con nuevos diputados que ya están reivindicando hueco, su plano medio o un plano más bien corto.

Una legislatura que nace más llamada al ruido que a la señal. Una legislatura que se etiquetará ya desde hoy como “histórica” y que reivindicará el consenso y el diálogo, aunque quedarán como slogan, casi como gag, porque hoy no ha podido arrancar (y pensábamos que ya era difícil) con mayor excentricidad.

Enrique Cocero

Consultor político y socio Fundador de 7-50 Strategy

 

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