Invocaciones

“… y entonces, un guiño. Que el lanzador se pregunte si sé algo que él no.” Esta frase la decía Burt Lancaster en “Campo de Sueños” cuando Kevin Costner le preguntaba cuál sería su deseo si pudiera volver atrás en el tiempo. Su deseo sería poder volver a jugar en las grandes ligas y encarar a un pitcher.

Lancaster hace el papel de Archibald “Moonlight” Graham, un jugador que sólo salió a jugar una vez y en defensa. Ninguna bola fue a su campo. Jugó una temporada más en las ligas menores y dejó el baseball para hacrerse médico. Graham nunca bateó y de ahí su deseo, poder llegar al “plate” y enfrentar a un lanzador. 

Pedro Sánchez ha salido a jugar porque el dedo del “conjunto complementario” le señaló a finales mayo de 2018. Ha capitalizado como propia la subida del SMI, pero no ha sido capaz de sacar los presupuestos, lo cuál significa que el partido de la primera legislatura no lo ha ganado. Pero nada gusta más que un “underdog” y Sánchez está jugando en una suerte de dicotomía: es Presidente del Gobierno y, al tiempo, es el jugador que ha mostrado maneras, aunque no ha tenido muchos minutos.

De hecho, Sánchez ya ha tirado hasta de épica: ser elegido Secretario General, haber sido expulsado, volver en unas nuevas primarias, no ser diputado y ganar la única moción de censura. Si a esto sumamos una victoria en unas elecciones que antes ha perdido dos veces en seis meses y, en consecuencia, mantenerse en el Gobierno… lo haga como lo haga, el listón para mejorar la leyenda va a estar muy alto.

Si nos centramos en lo que nos viene, dejando atrás el sentimentalismo de lo ocurrido y la épica de lo que llegue, hay tres momentos de máximo interés en una campaña electoral: los fichajes (ya superado), los pactos (aún por llegar, aunque Ciudadanos esté insistiendo mucho a Pablo Casado e Iglesias haga lo propio con el PSOE) y “lo de comer”; los escaños. Las agencias demoscópicas son impelidas a estimar escaños porque es una medida más llamativa y más concreta que “un 30% del voto” y porque lleva al tercer elemento con más morbo de una campaña que es pactos, gobernabilidad.

Sin entrar en escaños, no obstante, el caso es que a Sánchez las encuestas le favorecen y no ya sólo porque todas le den como ganador, sino porque su candidatura es la que menos se mueve entre los sondeos. El tracking que llevo le dan una variabilidad ponderada, entre las encuestas publicadas desde el anuncio de elecciones a hoy, de .074 (en una escala con máximo 1 y mínimo 0) y una media ponderada de 29%.

Para que se ubiquen el PP me sale con un 20,1% de media y una variabilidad de .100; Cs 15,2% y .126; Podemos 12,8% y .092; finalmente Vox 11,1 y .134. Vox aparece en media muy cerca de lo que el CIS le daba a principios de semana (11,9%), pero también es cierto que es el que más variabilidad presenta, incluso si sólo cogemos marzo y lo que llevamos de abril.

Aún quedan dos semanas y el resultado no está decidido. Puede que los puestos, pero no la gobernabilidad. Mucho se habla en cada campaña de si éstas son decisivas o no impactan en el resultado. Bien, ésta sí que importa y lo que hagan los partidos en los próximos 16 días hará que el votante que aún duda (y lo hará hasta delante de la mesa con las papeletas) decida si es momento de cambiar el mapa o sería más prudente esperar un poco.

¿Voto voluble? Evidentemente no entre PSOE y Podemos y evidentemente sí entre Ciudadanos y PP. ¿Vox? Hoy haré caso a Wittgenstein y seré prudente a la hora de hablar… pero puede que sólo hoy.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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