Libertades

Si la información es libertad y los datos son información, los datos son libertad. No es lógica aristotélica ni vamos a descubrir los silogismos. Es, simplemente, aplicar la propiedad transitiva.

Lo comento porque me preocupa ver cómo, en un mundo que venía ofreciendo un discurso infinito en datos, de sabios (de los de verdad) y gurús (de los de broma) que hablaban del mundo digital, del Big Data, Machine Learning y de la inteligencia artificial o de cómo nos teníamos que preparar para la digitalización… y que se completaba con el que se propugnaba desde el gobierno acerca de la transparencia, en ocasiones como arma arrojadiza contra el gobierno anterior. Pues resulta que ha llegado el tren de la realidad y nos ha arrasado.

No disponemos de datos certeros porque no tenemos medios para lograrlos: no podemos aplicar los tests, con lo que no sabemos la realidad de la población infectada. Como mucho se aplican modelos matemáticos para poder conocer algo más de realidad.

Por este motivo, porque no conocemos quiénes están infectados ni dónde se encuentran, el anunciado pico no llega. Los casos de Corea y Japón están ahí y las comparaciones son inevitables: sus soluciones han funcionado y ahora (permítanme la broma) sin olimpiadas ni eurovisión, hoy estamos a la cabeza del mundo. Queda por ver cómo reaccionará EE.UU. y si también nos va a ganar por la mano.

Así que, siguiendo con la analogía matemática, sin tests no hay datos, sin datos no hay certezas y sin certezas no hay decisiones. Simplifiquen en numerador y denominador y ¿qué nos queda? Sin datos no hay decisiones, al menos no las correctas.

Por cierto, no se engañen; no debería ser un pico, sino una inflexión en una curva que debe adoptar la forma de meseta. Si esperan un pico, se van a decepcionar mucho.

Pero es que, al tiempo que no tenemos datos, estamos aceptando que las medidas impuestas son válidas, al menos no tendrían que empeorar las cosas. Compartimos y colaboramos con el Estado y aceptamos que haya multas, cierres y encierros. Hasta hay elementos adicionales, como aquellos «buscadores de la virtud» que se graban increpando a quien pase por la calle y luego mandan el vídeo a los informativos de (no importa cuál) una cadena de TV para poder ver el resultado de su obra a nivel nacional.

Estamos, por tanto, cediendo nuestra libertad en virtud de una precaución razonable y un sentido profundo de la responsabilidad: sin una cura concreta aún ni una vacuna a la vista (mucho ánimo a todos los que estén implicados en ambos procesos. Nuestra tranquilidad futura depende de su entrega hoy), nuestra motivación es más poderosas que cualquier medida coercitiva.

Cedemos hoy libertades por un bien mayor que es la protección de la población ante un escenario sanitario imprevisto… y con matices, porque habría que ver si es que no ha sido subestimado.

Decía John Adams que «una vez que se pierde la libertad, se pierde para siempre» y la estamos, si no perdiendo, sí cediendo. Cierto que, bajo un marco concreto, pero la mente humana se adecúa, cuando no directamente acepta, a los marcos sobrevenidos.

Si quieren un ejemplo dramático, hoy llevamos seis días consecutivos por encima de los 800 fallecidos por coronavirus (en algunas noticias «con» coronavirus, así que dejémoslo en «debidas a patologías agravadas por…»). Cuando los fallecidos sean menos de 100 sentiremos, de alguna manera, alivio, por el marco de referencia de las cifras de hoy, pero una sola muerte sigue siendo una tragedia y mayor tragedia sería olvidar que lo es.

Y dado que las libertades no «se recortan» por sí solas, quiero pensar que quienes recortan libertades con un motivo justificado, tendrán la categoría suficiente, no ya para devolverlas, sino para transmitir un reordenamiento de la situación en el que nada quede vulnerado y que, en cierta manera, compense el sacrificio. Porque, insistiendo sobre el marco de referencia, se ha aceptado el aislamiento como algo propio: impuesto, pero asumido de buen grado, y eso podría generar una percepción adulterada de cuál tiene que ser la situación de salida.

Así que hoy sería ya tiempo de pensar en esa situación de salida, a volver a allí donde estábamos, incluso a una situación más beneficiosa ya que llevamos semanas metidos en discusiones de cuáles fueron los focos de propagación. La vuelta a la normalidad en libertades y convivencia y en contraposición a cómo estamos a nivel de certezas sobre el COVID19, no es un intangible o un escenario producto de una modelización matemática. Ha de ser real.

Enrique Cocero

Consultor político y socio Fundador de 7-50 Strategy

Artículo publicado en la edición impresa de Expansión

 

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