Mesas y agenda

“… es uno de esos días en los que al final no he hecho nada de lo que tenía que hacer”. De una manera u otra, todos hemos dicho una frase muy aproximada a ésta en más de una ocasión y las campañas electorales no están aisladas de días en los cuales la agenda revienta.

La impresión que uno pueda llevarse de cómo se ejecuta una campaña abarca un rango que va, desde una milimetrada, a un desastre. Por supuesto nadie se mete en una campaña para que sea un desastre, pero sí es cierto que hay campañas mejor medidas que otras y ejecutadas en consecuencia y que, como los más molones en una fiesta, dejan al resto en mal lugar.

Las campañas que todos recordamos no fueron producto de decisiones geniales que, sobre la bocina, pusieron en marcha acciones dignas de admiración. La realidad es algo menos heroica y empieza (o debería empezar) mucho antes y es cuando uno decide presentarse.

Ahí se debe establecer una agenda: tantos días, tantos temas, tal día, tal tema protagonista y otros de refuerzo o refresco. Unos los trata el candidato, otros los tratan caras conocidas de su candidatura… se termina un ciclo y se vuelve a insistir.

Y luego está el tema de los imprevistos y, en honor a la verdad, muchos de ellos no son imprevistos. Una campaña bien planificada tiene estudiados varios escenarios y los argumentos de cuestiones que no son temas propios, pero son puntos fuertes del rival y hay que estar preparado para contestar.

Y aquí yace el asunto. Esta semana hemos tenido la entrevista en Telva de Pablo Casado, la cuestión armas de Abascal, a Pedro Sánchez protegiendo Europa, a Rivera tras sus fichajes, a Pablo Echenique adorando la llegada del mesías el sábado (que es lo relevante porque la salida de Bustinduy es ya un “la vida que pasa”).

La entrevista de Casado tenía un formato afín a los lectores de la revista y la polémica en torno ha ella ha provocado, en primer lugar, que la revista no se haya visto en otra igual con tanta audiencia. Bueno, audiencia… más bien protagonismo, porque dudo mucho que la mayoría de los que se han lanzado a la yugular del candidato no sólo la haya leído, sino que conozca siquiera la tipografía del nombre de la revista.

Abascal ha puesto encima de la mesa una cuestión, la de la tenencia de armas para la propia defensa, que aquí no había sido tema nunca. Pedro Sánchez se ha descolgado en el momento más tenso del Brexit, con una defensa de Europa en un escenario que, atril presidencial y alineamiento de banderas incluidos, clava las puestas en escena de la mejor tradición americana de un presidente en campaña (en EE.UU. el Presidente siempre está en campaña).

Todo ello (y por qué no, lo de los lazos amarillos y al infinita paciencia también) se hace para que el rival, el adversario o el enemigo, elijan ustedes, entre a opinar o a atacar y así se le pueda atacar de vuelta o cazar en un renuncio que permita afianzar las posiciones propias.

Esto va de ganar “free air”: espacio en los medios de comunicación para que el mensaje propio tenga proyección sin pagar por ello o sin tener que hacer un despliegue de recursos. Si el tema por el que se genera la polémica atrae la atención, miel sobre hojuelas. Si encima se puede alargar varios días, mejor que mejor.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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