Singladuras

“Ignoreland” es una canción de R.E.M. de 1992 del álbum Automatic For The People que no fue comercializada como single, pero vivió un gran éxito por sí misma. La letra arranca hablando de que unos “bastardos robaron el poder […] destrozando todo aquello que era virtuoso y verdad” y cierra afirmando que “sé que todo esto es vitriólico, pero me siento mejor después de haber gritado. ¿Tú no?”.

Duras palabras que se remontan a 1980, cuando Reagan ganó a Carter las elecciones. En el año de la salida del disco Reagan ya había consumado sus dos mandatos y Bush-41 estaba en campaña de reelección frente a Bill Clinton y Ross Perot. Stipe, Buck, Berry y Mills no lo sabían, pero la “virtud y la verdad” no tardarían en volver. 

Términos como “virtud” y “verdad” son lo que, cuando en Podemos no se peleaban, Errejón, Monedero e Iglesias nos traían a la mesa día sí y día también como “significantes vacíos”. Término acuñado por Laclau mediante el cual, y dicho de forma rápida y algo cínica, uno toma una palabra (significante) que, ante la imposibilidad de abarcarla como absoluto, se va llenando de significados según los propios intereses.

Pues bien, de reclamar esos significantes y llenarlos de contenido es de lo que va el discurso político y, en consecuencia, las campañas electorales. Tomemos por ejemplo los “viernes sociales”: el día del Consejo de Ministros se anunciarán medidas de corte social. Medidas sociales buenas para los españoles, virtuosas, y que si no salen es porque el contrario no quieren que salgan.

Como dije la semana pasada la existencia de estos viernes y poner en alto el término “social”, capitalizándolo, monopolizándolo, lleva ya implícita una victoria de campaña y es que se plantean medidas, al menos, razonablemente formuladas para un rápido entendimiento e incorporación al imaginario electoral.

Así que avanza la campaña electoral y la cuestión de los “viernes sociales” sigue en la singladura como una escolta a la nave del PSOE. El símil marino no es gratuito ya que hoy esa escolta se ha convertido en el principal objetivo de, la oposición. No es el contenido, no son las medidas, es el continente lo que se pone en cuestión y lo que se recurre ante distintos órganos.

El problema es que yendo a por el continente la oposición deja de lado o amortigua aquello que en campaña es esencial, la propuesta propia, que sale de foco a causa de una pugna formal.

Pero, de nuevo, el tiempo es el asesino. Quedan ya menos de seis semanas de campaña y hoy apenas nos acordamos de que el elefante en la sala son los pactos que permitan llegar a gobernar. La solución andaluza, unida al veto de Rivera a Sánchez, deja más o menos clara una de las opciones de pacto que, al tiempo, cae en las encuestas.

En esas encuestas el PSOE crece a costa de Podemos, pero no sería suficiente y, como en la moción de censura, va a necesitar el apoyo de lo que podemos llamar “el conjunto complementario”, es decir; si no se puede pactar con los constitucionalistas, la única opción que queda es mirar hacia nacionalistas e independentistas y, para ello, las respectivas campañas han de incrementar los significantes vacíos. 

Tal vez por eso, Sánchez, el hombre que ganó dos veces en primarias, construye listas de diseño personal calculando escaños a lograr por provincia y cubrirlos con afines alineados, mirando todos en la misma dirección y que hagan desaparecer cualquier fisura.

El resultado de abril se arrastrará a las municipales. Por fechas no habrá Gobierno ni falta que hará, porque el eco de las generales y los primeros tanteos de pactos (que serán encendidos hasta que pasen las municipales) será lo necesario para animar o desincentivar al voto en mayo.

Enrique Cocero

Consultor electoral y socio Fundador de 7-50 Strategy

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